1.5.26

Não sei, crescer

No fundo, crescer não passa disto: poder-se dizer "não sei" cada vez mais de tudo.

Superlativos

Entrámos num tempo de superlativos. Já não basta gostar. Há que amar. Não gostar de transformou-se em odiar. Continuo a viver num mar sem marés,  numa planície sem altos e baixos. Gosto de ti porque não sei amar-te. Gosto de ti porque não sei ser amado. O meu horizonte está demasiado longe, bendito seja. Transforma elefantes em formigas, crocodilos em lagartixas, girafas em miúdos curiosos que se escondem atrás de uma árvore para espiar a vizinha. Quando se vão embora atiram pedras às janelas e tocam às campainhas. O mundo vinga-se: crescem. Superlativizam-se. Um dia morrerão. 

Sólo es legible el libro de lo incierto

El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición.

El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido,

y no acepté otro valor que la imposibilidad.

Como un barco calcificado en un país del que se ha retirado el mar,

escuché la rendición de mis huesos depositándose en el descanso;

escuché la huida de los insectos y la retracción de la sombra al ingresar en lo que quedaba de mí;

escuché hasta que la verdad dejó de existir en el espacio y en mi espíritu,

y no pude resistir la perfección del silencio.

No creo en las invocaciones pero las invocaciones creen en mí:

han venido otra vez como líquenes inevitables.

La fermentación del verano se introduce en mi corazón y mis manos se deslizan cansadas en la lentitud.

Vienen rostros sin proyectar sombra ni hacer crujir la sencillez del aire;

sin osamenta ni tránsito, como si consistieran únicamente en el contenido de mis ojos, en la unidad de mis palabras, en el espesor de mis oídos.

Son obedientes y yo siento su reunión como una salud que se refugia en la oscuridad.

Es una amistad dentro de mí mismo;

es un estambre urdido por manos que son suaves en el interior de los días.

Ahora es verano y me proveo de alquitranes y espinas y lápices iniciados,

y las sentencias suben hacia las cánulas de mis oídos.

He salido de la habitación obstinada.

Puedo hallar leche en frutos abandonados y escuchar llanto en un hospital vacío.

La prosperidad de mi lengua se revela en cuanto fue olvidado durante mucho tiempo y sin embargo visitado por las aguas.

Éste es un año de cansancio. Verdaderamente es un año muy viejo.

Éste es el año de la necesidad.

Durante quinientas semanas he estado ausente de mis designios,

depositado en nódulos y silencioso hasta la maldición.

Mientras tanto la tortura ha pactado con las palabras.

Ahora un rostro sonríe y su sonrisa se deposita sobre mis labios,

y la advertencia de su música explica todas las pérdidas y me acompaña.

Habla de mí como una vibración de pájaros que hubiesen desaparecido y retornasen;

habla de mí con labios que todavía responden a la dulzura de unos párpados.

* * *

La naturaleza de los cuerpos es fingir la existencia y este conocimiento es el fin de un espíritu rodeado por ávidas gallinas en los preámbulos.

Lee en las láminas de vidrio: los argumentos del placer y los capítulos de la destrucción atravesados por una sola mirada. ¿Quién habla en esta transparencia?

Sólo es legible el libro de lo incierto.

El afilador que posee en sus cánulas una sola nota, clara como una serpiente, creadora de la niñez en un espacio de hombres vigilados, no es más feliz que su propia música destinada al invierno.

Así es el rostro de tu madre.

Nuestra pasión es trivial: una enseñanza atribuida a pájaros sobre la nieve, a los volúmenes cuya visión es la forma más perfecta de la tristeza.

Y la convicción crece únicamente en el paladar de hombres aptos para la administración de la muerte, hombres cuyas azumbres están llenas de líquidos más decisivos que el dolor.

Mas, los incrédulos, desposeídos de conducta, ¿qué iglesia luce en nuestros gemidos?

Hay indicios en narraciones impecables: el vendedor de higos chumbos cuya pobreza está bajo la luz y sonreía cerca del cuchillo y la limpieza de su acto era una lámpara increíble, una prueba exquisita de la inexistencia coronada de gritos en la celebración del mercado.

O, en los jardines del verano, el muro quieto en la imposibilidad, externo a un espesor de líneas invisibles, un espesor dotado de melancolía.

O, más aún, en tu chaqueta abandonada y entreabierta, es decir, en una forma que describe tu desaparición.

Esta perplejidad es la conciencia. El miedo ejerce de pastor, pero no sabes más de ti que un animal absorto sobre el agua.

* * *

El olvido es mi patria vigilada y aún tuve un país más grande y desconocido.

He retornado entre un silencio de párpados a aquellos bosques en que fui perseguido por presentimientos y proposiciones de hombres enfermos.

Es aquí donde el miedo ve la fuerza de tu rostro: tu realidad en la desaparición

(que se extendía como la lluvia en el fondo de la noche; más lenta que la tristeza, más húmeda que labios sobre mi cuerpo).

Eran los grandes días de la traición.

Me alimentaba la fosforescencia. Tú creaste la mentira entre las piernas de mi madre; no existía el dolor y tú creaste la compasión.

Tú volvías a las hortensias.

Y sollozaste bajo la lente de los comisarios.

Y vi la luz de la inutilidad.

Mi boca es fría en las plegarias. Este relato incomprensible es lo que queda de nosotros. La traición prospera en corazones inviolables.

Profundidad de la mentira: todos mis actos en el espejo de la muerte. Y los carbones resplandecen sobre la piel de héroes aún despiertos en el umbral de la imbecilidad.

Y ese alarido entre cristales, esas heridas que no son visibles más que en el instante del amor…

¿Qué hora es ésta, qué yerba crece en nuestra juventud?

Antonio Gamoneda in Descripción de la mentira, ed. Abada editores.

Só a (boa) poesia pode descrever a noite quando esta se transforma em silêncio. 

Eu?

Todos chegamos a uma idade em que a noite já não é o futuro. É o passado. O "touro furioso" abandonou a arena e fica-se entregue a si mesmo. Já não há animais a domar nem a vertigem de se ser domado. A idade da contemplação e da reflexão (o passado é um espelho e uma interrogação). 

É para isto que se vive. Para se poder olhar para trás e ver-se ao espelho e podet perguntar-se "Sou eu? Fui eu?"

27.4.26

Se há vinte anos

"Tudo o que vês é estilo. Só superfícies planas, brilhantes, sem ponta por onde se hes pegue. Essas não se vêem. O que importa está escondido." A relação entre o que se é e o que se mostra, entre o que se vê e a realidade era uma das obsessões de F. e resumia-a numa fórmula para mim vazia de conteúdo: "É preciso separar a espuma dos dias" que ele achava brilhante e repetia com frequência. "Por exemplo, vês aquela mulher ali ao fundo? A que vai para a casa de banho a andar como se tivesse depilado o jardim há dois dias e agora aquilo pica?" 

- Sim, vejo.
- Conheço-a. É uma empresária de sucesso (aspas com os dedos a fazer vírgulas no ar).
- É bonita.
- Parece bonita. É uma mistura de botox, antioxidantes, suplementos alimentares, pomadas anti-tudo, cremes... Sem essa merda toda seria ainda mais bonita. Depois começa a falar e tu percebes que por baixo daquilo tudo há um substrato aligeirado.
- Aligeirado? O que é isso?
- É a mesma coisa: está cheio de pomadas, cremes e sei lá que mais. O que ela usa no corpo põe na cabeça. Sem isso, o discurso teria muito mais peso. Percebe-se que há densidade, mas está disfarçada.
- ...
- Está longe de ser caso único. Vá lá, menos mal. A maioria põe cremes para esconder o vácuo. Por cima do vazio. Aquela não. 

F. calou-se. Sonhava. A mulher chama-se Alexandra e é médica. Deve andar pelos cinquentas bem tratados. Habita visivelmente as camadas superiores da pirâmide. F. sempre teve bom gosto, apercebo-me agora, que parou de sonhar.
- Se há vinte anos eu fosse menos estúpido e ela mais poderíamos estar casados.

(Cont.?)

25.4.26

Diário de Bordos - Braga, Minho, Portugal, 25-04-2026

É vinte e cinco de Abril e a Centésima Página está fechada. Uma desgraça nunca vem só. 

Corro o risco de ser mal interpretado. O vinte e cinco de Abril não foi uma desgraça. (Aliás, é pena ter sido em setenta e quatro e não nos anos sessenta, ou cinquenta mas isso é outra história.) Prefiro de longe viver num regime democrático, por imperfeitos que sejam a democracia ou o regime. Isso não se discute sequer. A desgraça do vinte e cinco de Abril, para mim, são estas manifestações de gregarismo. Um senhor gordo, feio, de T-shirt grita ao microfone «Abril sempre!» e cem vozes (mais ou menos, para menos) respondem «Fascismo nunca mais!» Antes disso falou de uma série de coisas que só existem na cabeça dele (e se calhar nas do rebanho) e que o «vinte e cinco de Abril» dele se encarrega de desmentir todos os dias. «Direito à habitação»? Sim, se for em casa dos pais; «trabalho estável»? Sim, no estrangeiro - aonde a legislação liberal é dez vezes mais flexível do que a portuguesa, de resto; «salários dignos»? Sim, para o Paquistão e para o Bangla Desh os nossos salários são de uma dignidade enternecedora. E ver esta gente de cravo vermelho à lapela, na mão, na orelha? Antigamente usavam-se cruzes, hoje é cravos. A função é a mesma.

O Homem não é um animal racional. É um animal simbólico, mitológico. Vive de símbolos e de mitos, com algumas ilhas racionais aqui e ali, espalhadas como árvores numa savana. Não deixa contudo de ser doloroso confirmá-lo num dia como este, cheio de sol, calor e gente na rua. De Braga só conheço a supra-mencionada livraria Centésima Página e o glorioso almoço de hoje ajudou a mitigar os gritos irracionais do senhor, rodeado de bandeiras da CGTP. Eram mais bandeiras do que ouvintes, diria eu se quisesse dar um colorido simbólico ao texto. Não quero. Não eram.

Esqueçamos os mitos e passemos à realidade. O almoço foi objectivamente glorioso. O restaurante chama-se A Livraria. Pela primeira vez a norte do Porto encontro um restaurante que me enche as medidas, que está ao nível do Tamuge de Mértola, que é excelente desde o início - o nome - até ao fim - a conta. Passando pela decoração, pelo serviço, pela simpatia do pessoal, pela qualidade de tudo - entradas, principais, vinhos, sobremesas, aguardentes. Tudo naquela casa é um cântico à Qualidade, assim mesmo em caixa alta. Incluindo os guardanapos, que são de pano. Peixinhos da horta, costeletinhas de porco preto, filetes de polvo e de pescada respectivamente acompanhados por arrozes de feijão e de espigos, mousse de chocolate, rabanadas, aguardentes - tudo isto no superlativo. Superlativo mais, se o houver. (Há.) Venham mais cinco.

Tudo isto por quarenta e cinco euros por boca, com uma ligeira (tosse) desigualdade (tosse) na partilha da conta (tosse). Há uma dúzia de restaurantes neste clube pelo mundo, para mim: Tamuge em Mértola, Solar do Moinho de Vento no Porto, La Bodeguiya em La Linea, Chez Jeannot em Paris, Gustar em Palma, Tentações de Goa em Lisboa... Há mais? Há, claro. O meu mundo é pequeno e além disso faltarão alguns que agora me fogem da memória gustativa. Mas enfim, isto chega. José Quitério diria que A Livraria o levou ao céu e eu subscrevo.

Depois do almoço os meus companheiros foram ver o recém inaugurado Muzeu. Eu refugiei-me na minha habitual forma de turistar: enfiar-me num café e esperar que a cidade passe por mim. Passa, mas um bocadinho longe e de qualquer forma este post já vai longo e o senhor das bandeiras encarnadas agora ouve-se porque entretanto eles voltaram e fomos para a esplanada e eu só penso no Sol, no calor que ele trouxe e no mar que vem junto e para o qual eu irei não tarda. 

24.4.26

Outra breve nota sobre harmonias

Como é do conhecimento geral, as pessoas que estão com o período não devem fazer maioneses ou bechameis. Isto aplica-se tanto a mulheres como a homens, que as regras são para todos. Pois eu hoje desafiei-as, as regras e fiz uma béchamel. Daqui a pouco terei o veredicto. As últimas maioneses têm falhado. Não gostam de desafios. A ver se a béchamel também é bégueule.

E não pus o avental encarnado. Talvez venha daí a asneira. A ausência de harmonia leva inevitavelmente ao desastre. A ver. Antecipações só depois de o jantar estar no prato.

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Para além da escolha do avental, a preparação de uma refeição - todas as refeições são de cerimónia, relembro, mesmo ou sobretudo as solitárias - exige um cuidado especial na escolha da bebida que vai acompanhar a cozinha. Para mim, só há duas adequadas: a cerveja e o vinho tinto. O vermute exige atenção, o gin tónico conversa e o vinho branco companhia. Restam as duas supra-mencionadas. 

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Para terminar esta série, que na verdade não teria fim, fosse eu um rapazinho sério:

A lavagem da loiça fez-se (o uso do passivo é propositado) ao som do Fado Bailado, de Rão Kiao. Digo-o contrito: é o único disco de fado que sou capaz de ouvir do princípio ao fim e recomeçar. A béchamel não ficou como eu queria mas tão pouco ficou do avesso, como tantas vezes me acontece quando tenho as hormonas arrepiadas. A loiça está lavada e maioritariamente seca e arrumada. A primeira parte da noite esvai-se tranquilamente, espécie de pequena hemorragia do dia; é este que se esvai, gota a gota. Não é a noite. Essa começa agora.

23.4.26

Harmonias, aventais

Devido a uma simples questão de harmonias, é essencial escolher o avental com o qual se vai cozinhar. Uso o plural propositadamente: são duas as harmonias às quais é necessário estar atento. A interna e a externa. O avental deve acordar-se com o menu e com o nosso estado de espírito (e excepcionalmente com os convidados, se os há e se corre o risco de eles chegarem quando ainda estamos a cozinhar - no meu caso, sempre: só tiro o avental quando vou para a mesa). O avental na cozinha é uma peça de roupa tão importante como a roupa do dia e combiná-lo com o que o envolve - ou, mais importante, ele envolve - é tão importante como combinar a cor das meias com a camisa (ou com a gravata) ou os sapatos com o cinto. Tal como a ninguém passa pela cabeça ir trabalhar para um escritório de mocassins castanhos ou de camisa havaiana, ninguém pensaria pôr o avental encarnado para fazer um jantar de cerimónia (refiro-me ao meu avental encarnado, o mais feio dos que tenho. Tudo isto é muito pessoal. Mas não esperem confidências. O DV não é um confessionário). Todos os meus jantares são de cerimónia, de passagem se diga, esteja sozinho ou acompanhado e por isso o meu avental por defeito é o chic, o da Zara, que não tem atilhos. Quando vai para lavar... Bom, pouco importa. Fica a nota. Hoje pus o encarnado. É o que mais raramente ponho, apesar de ultimamente o ter usado de vez em quando. Espero vivamente que tenha de ir para lavar e eu não precise dele por muito tempo.

22.4.26

Equilíbrios indefinidos

Comi demais e não bebi o suficiente para acompanhar tanta comida. É importante equilibrar o que se come e o que se bebe. Como amar e ser amado, outro equilíbrio importante e por vezes difícil de se conseguir. Durante muitos anos acreditei numa coisa que li em adolescente: "em todas as relações há um que ama e outro que se deixa amar". Hoje não amo, não sou amado e sei que aquilo não é verdade. Ou melhor: não é sempre verdade. Às vezes é mas não o é em todas as relações. 

Pior: às vezes é verdade mesmo quando não há uma relação. 

Outro equilíbrio instável é aquele de amar-se alguém "até que a morte nos separe". Conheço muitos casos em que foi a vida a separar-nos. Ou as vidas, mais exactemente, a dela e a dele. Aposto que só as mortes de cada um lhes permitirão unir-se, coisa que as vidas não deixaram. 

Na verdade, há mais desequilíbrios do que o contrário,  como de resto muito bem comprova o dia de hoje. Deveria ou ter comido menos ou ter bebido mais. 

Ou ter amado menos e ser mais amado?

21.4.26

Receita: frango recheado com alheira, ordem, desordem, Patxi Andion et al.

A cozinha é uma questão de ordem e caos, uma luta entre os dois. Há que ser ordenado e fazer face à desordem. Parece complicado mas não é. Basta ter presente aquela velha máxima dos logísticos ingleses segundo a qual é preciso ter um plano se se quer poder não o respeitar.

Assim, a primeira coisa a fazer é chegar a casa com as compras e arrumar tudo o que não vai ser necessário em breve - isto é, nada. Decidir se se acompanha a feitura do comer com cerveja ou vinho. Optar pelos dois, começando pelos cereais. Em seguida põe-se o frango numa marinada de sal e sumo de limão. Fazer a tapenade: azeitonas, anchovas, um bocadinho de rum, pimenta tigre, salsa (prefiro esta aos coentros, na tapenade), azeite. Frigorífico. Dali passa-se para as batatas: descascá-las, cortá-las às fatias e pô-las de molho em água. Ao mesmo tempo, preparar o recheio do frango: ligeira cozedura nas alheiras, improvisar uma massa de alho, enganar-se na paprika picante (o que se espera elimina a necessidade de massa de pimentão). Misturar tudo: alheiras, massa de alho, um pouco mais de azeite (a melhor cozinheira é a mais azeiteira). Rechear o frango e esperar que chegue o prato de ir ao forno. Completar a marinada do frango com vinho branco. Pôr as batatas em redor do frango e forno com tudo. Esperar hora e meia a cento e noventa graus. Esperar para ver o resultado. Entretanto vai-se ouvindo Patxi Andion e recebe-se as visitas.

(Cont. - Há que ver o resultado e uma hora e meia de forno é uma pipa de tempo. A música mudou: Music for seafarers, Will Oldham.)

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Cont.

Os convivas foram simpáticos e disseram que estava bom. Eu não acho, o que é frequente. Contudo, desta vez é forçoso reconhecer que quem tem razão sou eu. Não estava grande coisa. Paciência. Só me dá vontade de refazer e re-refazer, até acertar.

Palavras: espero (fragmento)

Se as palavras fossem flores, ou bombons, oferecer-te-ia um ramo delas, uma caixa. Mas não são. São palavras, só. Não lhes podes tocar, não as podes comer e só as podes ver se eu tas escrever como faço agora, que não te posso ver e muito menos tocar. Posso lembrar-me de ti como o papel, um dia, se lembrará delas, destas palavras que um dia lerás e no outro esquecerás, provavelmente, porque é esse o destino das palavras: serem esquecidas.

Enfim, nem todas. Algumas ficam. Como este beijo que aqui digo e escrevo e te envio e te chegará, um dia e em ti ficará muitos outros. 

Espero.

19.4.26

Ombros

"Agarra-te aos ombros", digo a mim próprio. Obedeço: mão direita no ombro esquerdo, esquerda no direito  e aperto com força, puxo-me para baixo. Nada mexe, claro, mas a energia aconchega-me e aquece-me. Nunca tive a quem me agarrar senão a mim? Outros ombros? Tive. Mas estes são os únicos que andam sempre comigo. Não me largam. E não vão para baixo.

Diário de Bordos - Vilarelho, Caminha, Alto Minho, Portugal,

Arre! Estou farto do frio e de gente com certezas. Para quando o calor? E: quando me tocará a mim ter uma certeza, uma só que seja, não importa sobre o quê?

........

Acabo de tomar uma decisão agoniante mas a agonia prolonga-se. Foi uma batalha entre a intuição e a certeza: a intuição dizia-me que aquilo ia correr mal e a certeza confirma-me que agora não estou melhor. Ou seja: volto ao ponto de partida. Não é para isso que servem as decisões. 

Mas talvez seja esse o objectivo da intuição, não é? Se não fosse, teria outro nome. Certeza, por exemplo.

........

Tento olhar para a situação pelo lado bom: vou ter frio mais uns tempos.

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(Cont.?)

Respeito, respeitinho


17.4.26

"Voo cego a nada"

Se a Terra fosse um enorme ringue de patinagem e as palavras fossem os traços que os patins deixam no gelo - que seriam os gestos, os arabescos que os patinadores traçam no ar e se não forem filmados só existirão enquanto houver memória?

Nada. Os rastos dos patins é que contam. Enquanto houver gelo, claro.

Ouvir ou ver

Procura palavras como os coleccionadores de conchas as procuram na praia mas gosta delas - palavras - menos retorcidas. Pelo menos à vista, que mesmo as mais simples escondem mais pregas do que o ventre de uma senhora gorda. Basta ouvi-las com olhos de ver, passe o trocadilho  que não o é tanto quanto parece porque os olhos também ouvem, quando querem e os deixam.

Somatizar, história curta sobre os benefícios comparados do gesto e da palavra

Somatizo mortalmente, dizia o doente na cama do hospital a quem de direito. Quem de direito não o ouvia: tinha mais que fazer do que ouvir pacientes dizer banalidades básicas. Alguém somatiza à vida? Alguém se sente menos morto ou menos vivo ou menos desmaiado ou menos assim-assim só porque meia dúzia de neurónios decidem mandar passear as suas preocupações? Ninguém, claro. Antonella, uma enfermeira italiana que um amor deslocalizado atraiu ao nosso país ouviu o senhor mas não percebeu bem o que ele dizia. Aproximou-se e debruçou-se; os seios - tinha-os grandes (e rijos porque era jovem) - tocaram a testa do homem - ateu, velho, via mal. Confundiu a enfermeira com Deus, o verdadeiro mas como delirava não pensou que o Senhor não tem mamas. Quem as tem são as deusas, esclareço não vá o leitor equivocar-se. Todas? Não. Só algumas. As que as partilham. As que as não guardam só para elas ou para o homem que amam. As que tocam com elas na testa de um homem doente, mesmo que involuntariamente. As que são suficientemente nobres para repetir o toque quando se apercebem do seu efeito positivo no doente. As que trazem às vagas da minha memória os momentos em que são fui tocado por essas, sim, deusas. O paciente delira menos, pacificado pelo efeito conjunto de um par de mamas na testa, uma cabeleira loira a preencher-lhe o campo visual e uns lábios que lhe dizem "calma, calma". O homem acalma-se, devido ao efeito do calor de um corpo junto ao dele, um cobertor de cabelos loiros, uma voz de que ouve o som mas não percebe a fala.

É o que se faz que conta, não o que se diz.

Serviço público - Restaurantes, cafés, etc. em Caminha

Quando se pesquisa no Google Maps «restaurantes Caminha» o sítio que aparece com a pontuação mais elevada chama-se Trincaria. Já cá tinha vindo duas ou três vezes para tentar perceber porquê. Hoje, finalmente, descobri: a Trincaria não é nem para tesos nem para deslocados no tempo. É para quem gosta de comida saudável - isto é, cara e sem interesse (a priori. Já lá vamos) - para quem bebe cerveja sem glúten ou sem álcool, para quem não bebe vinho tinto a copo - só têm meias garrafas e ainda por cima desse insuportável Tiago Cabaço - e para quem gosta de ambientes e decorações iguais à comida: saudáveis, assépticos e «modernos» (entre aspas porque é irónico). Tem algumas vantagens? Tem. O serviço é atencioso e sorridente (duas qualidades pouco vulgares por estas bandas, pelo menos nos primórdios. Depois muda e muito e bem). Hoje comi uma tosta que estava boa, sem dúvida. Também por aquele preço - mais do que um prato do dia em muitos sítios - melhor seria se não estivesse. Só pergunto é que espécie de talento é necessário para se fazer uma boa tosta?  Basta saber soletrar abacate, suponho. A música também é decente apesar de ser daquelas listas da Spotify com anúncios, coisa que me irrita ao mais alto ponto.

Bom, vamos resumir: está sempre cheio de estrangeiros, o que explica a atracção por comida «saudável» e «moderna» (ditto) e a indiferença aos preços. 

PS - Também é padaria. Idem ibidem.

14.4.26

Diário de Bordos - Lisboa, 14-04-2023

As minhas vagueações de ontem acabaram da melhor forma possível: jantar em casa da J., que é sempre uma adorável mistura de boa comida, boa cozinha, boas conversas e bons mexericos. J. conhece o mundo literário português de perto, muito perto e eu delicio-me, claro. 

Hoje - agradável simetria - começam da melhor forma: fui buscar a Coluer ao Fernando, uma loja de bicicletas em Alvalade que recomendo urbi et orbi (Fernando é o nome do dono. A loja chama-se Airaf. Fica ao lado do mercado de Alvalade) e daqui a pouco, depois desta pausa bloguística no Luanda, outro dos meus refúgios de antanho, almoço com o V. Tudo isto enquanto discuto dois trabalhos, um dos quais me interessa muito e outro menos. Não há fome que não dê em fartura.

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Desço a Almirante Reis depois de um almoço com o V. e encho-me de alegria. Vasos comunicantes. Sou cosmopolita, sou daqui e dali e de mais além. Não é o cosmopolitanismo que queremos? A pele é mais escura e os olhos menos azuis? Paciência. Ninguém manda ao sapateiro tocar rabecão. Temos os imigrantes que já fomos.

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Quel bonheur! Lisboa é um consolo. Daqui a um mês cá estarei, querida. Agora esperam-nos cinco horas de comboio. Morar na fronteira tem muitas vantagens. Mesmo podendo chamar Lisboa a uma das minhas casas.

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A viagem no comboio começa mal: não há lugares em primeira classe e caio do tamborete quando aquilo arranca. Já não há lugares nas mesas.

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No comboio.

Atravesso este pais que é o meu e pergunto-me "o que é meu, neste país?"

Nada, claro. Não me refiro a bens tangíveis. Refiro-me ao resto. Que tenho eu deste país? A língua. A história. A memória. A língua é tudo. Memórias e história partilho-as de boa vontade.

Este permanente debate entre a nacionalidade e o cosmopolitanismo aproxima-se do fim da maneira mais estranha: agora tenho uma casa e sei que ela é minha e não eu dela. (A casa é alugada, mas isso é outra história.)

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O comboio desfila pela paisagem, sem que se tenha de carregar no acelerador ou falar com o vizinho. Em contrapartida, não se pode cantar «Senhor chauffeur, por favor, ponha o pé no acelerador.»

(Cont.)